Nací durante una noche de luna llena, con un cielo despejado y sin una sola nube que opacase la luz de las estrellas. Estube acompañado desde mi nacimiento, puesto que tenía un hermano gemelo, mayor que yo por unos meros minutos. Mi madre era una Mucama en la casa de algún noble de la ciudad, cuyo nombre no recuerdo ni quiero recordar. Mi padre era un soldado de la ciudad, un hombre justo y honrado. Me crié durante toda mi niñez prácticamente sólo, ya que mi madre trabajaba mucho en la casa en que habitabamos y mi padre siempre cumplía sus deberes en la milicia antes de ocuparse de mí. Mi hermano solía acompañar a padre, y aque poseía una gran fuerza física, mientras yo era dejado en casa porque era temeroso, flaco y débil.
Aún recuerdo la primera vez que leí sobre la existencia del señor Baldur. Estaba solo, como de costumbre, cuando encontré en un estante en la cocina un libro muy viejo y desgastado, que contaba las hazañas de los dioses. Baldur, el señor de la verdad, aparecía también nombrado en aquél libro.
Mi cuerpo, débil por naturaleza, no podía soportar la vida de una guerrero o de un soldado... Mis manos torpes no tenían la suficiente destreza para utilizar con propiedad un arco... pero si había algo que podía hacer era adorar a los dioses, y entregar mi vida a ellos para proteger a los que quiero.
Desde aquél día que leí ese libro, he dedicado todo mi esfuerzo a tratar de ser lo suficientemente bueno para consignarme como un acólito, y luego un gran sacerdote en la iglesia de la ciudad, para de ese modo ayudar a quienes estén débiles y justificar mi existencia.
Esa noche nadie llegaba aún a la casa... era tarde, pero no había rastros de mi madre, padre o hermano.
Luego se comenzó a escuchar un gran alboroto afuera. Salí rápido de la casa a mirar, y noté que gran parte de la casa se estaba incendiando. Ví a mi hermano de rodillas, mirando perdido hacia el fuego y corrí hacia el.
"... Está... Está... muerta..." logró musitar mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y cubría su cara con sus manos.
"oh no...." fue lo único que logré decir antes de colapsar a su lado y llorar... madre había muerto...
Luego de esa noche la vida cambió mucho... fuimos botados de la casa de aquel noble y tubimos que buscar una vivienda simple en los sectores más pobres de la ciudad. Padre cayó enfermo pronto luego del incidente y el ambiente en casa murió... la cara d emi erano ya no tenía esa energía que solía tener... y padre ya casi no hablaba ni reaccionaba. Era inevitable... padre murió 2 semanas luego del incendio y quedamos solos en casa, mi hermano y yo.
Mi hermano el día del fallecimiento de mi padre salió durante la noche, llevando su espada con él... pero no regresó... no era para mí díficil quedarme solo... era difícil que me hubiesen abandonado así sin más...
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