Yuko nació en una familia de mercenarios, asesinos y ladrones. Desde pequeña la entrenaron para que fuera una gran y despiada asesina, el primer día en el que ella fue a acompañar a su hermano mayor a un trabajo para ayudarlo fue la primera vez que vio morir a alguien, le impresionó mucho, pero ya la habían preparado. Dos días después, estava ella dando un paseo cuando vio a gente amontonandose, se acercó con curiosidad a ver que pasaba y en medio de la multitud había una mujer y tres niños llorando alrededor de un cuerpo sin vida, el cadaver pertenecia al hombre que mató su hermano, Yuko no pudo evitar sentir culpa y pena hacia esa familia. Fue a su casa a hablar con su padre, le explicó lo que había visto, lo que había sentido y le pidió que dejara de matar a personas por dinero pero su padre no le hizo ningún caso, friamente, la empujó contra la pared y se fue a trabajar mientras le gritaba que si fueran honrados ni ella ni nadie de su familia podrian sobrevivir.
Yuko se quedó sentada en el suelo pensando en las palabras de su padre, cuando llegó una de sus hermanas y le explicó más tranquilamente que la vida estaba muy dificil en esos tiempos, regía la ley del más fuerte.
El tiempo pasaba, pero Yuko aún no podia evitar sentirse culpable, entendia las ideas de su familia, pero ella no queria seguir así, decidió coger provisiones y escaparse de su casa. Cruzó el desierto esquivando los peligros que allí habían, fue una suerte que hubiera cogido tantas provisiones; estuvo mucho tiempo andando sin rumbo por el desierto. Dos días despues de que se le acabara la comida y cuando ya estaba a punto de darse por vencida vio a lo lejos que el desierto terminaba, vio vegetación y criaturas mucho más lindas que las que por el desierto estaban, con su último aliento consiguió llegar allí, dónde encontro algo de agua que le dio fuerzas para continuar; encontró las murallas de una ciudad, una gran ciudad con mucho bullicio, casas y tiendas. Estaba sucia y tenía hambre, pero no tenía dinero. Por suerte, un chico llamado Zero se fijó en ella, la llevó a la Iglesia donde le preparó un baño y le dió de comer. Despues de que Yuko se lo agradeciera Zero le preguntó de donde era y que hacía allí, ella le contó toda su historia y el porqué se escapó de su casa, él le dijo que podría quedarse allí, expirar sus pecados y seguir el camino de Dios, al igual que él, y ayudar con sus poderes a las personas que lo necesitaban. Yuko aceptó sin pensarlo, entrenó mucho para poder ayudar a los demás. Cuando se creyó preparada decidió marcharse por todo el mundo para ayudar así a gente de otros lugares; en su viaje esperaba conocer mucha gente y seguir mejorando.
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